En la memoria litúrgica de San Juan María Vianney, patrono de los párrocos, un día especialmente significativo para la vida pastoral de la Iglesia, la Diócesis de Montería ha vivido un momento de profunda comunión eclesial.
En la mañana de hoy, Monseñor Farly Gil Betancurt realizó su toma de posesión canónica como Administrador Apostólico de Montería, en presencia del Colegio de Consultores, conforme a lo establecido por el Derecho Canónico. El acto solemne fue presidido por el Canciller de la Diócesis, el padre Tomás Sebá, quien levantó el acta correspondiente y dio fe del protocolo canónico.
Durante este encuentro, que tuvo lugar en la Curia Diocesana, Mons. Farly dirigió un momento de oración, seguido de una breve explicación sobre la misión y naturaleza del Administrador Apostólico, resaltando que su tarea es custodiar, animar y acompañar a la Iglesia diocesana en este tiempo particular, en profunda comunión con el Santo Padre y la Iglesia universal.
Posteriormente, se llevó a cabo un diálogo fraterno con el Consejo Pastoral Diocesano, en el que se compartió con calidez y apertura el deseo común de seguir construyendo juntos el camino evangelizador de nuestra diócesis.
Un signo profundamente elocuente de su estilo pastoral será visible este domingo 10 de agosto, cuando visite, en el mismo día, la parroquia San José del corregimiento de Centro Alegre —la más distante del territorio diocesano— y la iglesia madre, la Catedral San Jerónimo. Este gesto manifiesta con claridad su deseo de cercanía con toda la comunidad, desde las periferias hasta el corazón de la diócesis, y ofrece una imagen viva de su intención de abrazar con la misma ternura y compromiso la totalidad del pueblo de Dios que le ha sido confiado.
Estuvieron presentes todos los miembros del Colegio de Consultores, con excepción de un sacerdote que, por razones personales, no pudo asistir, sin que ello afectara la validez ni la solemnidad del acto.
Este acontecimiento marca un nuevo rumbo para nuestra Iglesia particular de Montería, que, fortalecida en la fe, se dispone a caminar con esperanza bajo la guía de su nuevo Administrador Apostólico.




























