Cuando la solidaridad se convierte en esperanza.
Un agradecimiento al Colectivo de Reparación de seis veredas del municipio de Ovejas, Sucre
En medio de las difíciles circunstancias que han vivido numerosas familias del departamento de Córdoba y, de manera particular, del municipio de Montería, como consecuencia de las inundaciones provocadas por el reciente frente frío, hemos sido testigos de un gesto que nos recuerda que la esperanza sigue viva y que la humanidad florece con mayor fuerza cuando se pone al servicio de quienes más sufren.
Desde la Pastoral Social de la Diócesis de Montería y el Banco de Alimentos, queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento al Colectivo de Reparación de seis veredas del municipio de Ovejas, Sucre, por el generoso apoyo brindado a las familias afectadas por esta emergencia.
Hace algunos días recibimos un camión cargado de ayudas humanitarias. Sin embargo, lo que llegó a nuestras instalaciones no fueron únicamente alimentos, elementos de primera necesidad o donaciones materiales. Lo que realmente recibimos fue un cargamento de humanidad, de compasión y de fraternidad. Cada aporte enviado llevaba consigo el rostro de personas que han conocido el dolor, que han experimentado las heridas de la violencia, del abandono y de las dificultades que durante años han marcado la historia de muchas comunidades de nuestro país.
"Las comunidades de Villa Colombia, El Palmar, La Coquera, Medellín, San Francisco y Borrachera, que conocen el peso del sufrimiento y las huellas que deja la adversidad, nos enseñan que la verdadera reparación no termina en recibir apoyo, sino que alcanza su plenitud cuando somos capaces de convertir nuestras heridas en solidaridad y nuestras experiencias de dolor en esperanza para otros."
Precisamente por haber vivido el sufrimiento, ustedes han comprendido el valor de la solidaridad. Han demostrado que quien ha sido capaz de levantarse de sus propias heridas también puede extender su mano para ayudar a otros a levantarse. En ese gesto descubrimos una profunda enseñanza humana y cristiana: el verdadero amor no consiste solamente en dar cosas, sino en darse a sí mismo; no consiste únicamente en compartir lo que sobra, sino en compartir desde el corazón.
El Evangelio nos recuerda que la compasión nace cuando somos capaces de reconocer en el otro a un hermano. Eso fue lo que encontramos en esta acción solidaria proveniente de Ovejas. No se trató de una ayuda distante ni impersonal; fue la expresión concreta de comunidades que decidieron hacerse cercanas al dolor de otras comunidades y responder con generosidad.
En una sociedad que con frecuencia nos invita al individualismo, ustedes nos recuerdan que seguimos siendo una gran familia humana. Nos enseñan que la reparación no sólo transforma a quienes la reciben, sino también a quienes, desde la experiencia de sus propias luchas, se convierten en constructores de esperanza para otros.
A nombre de las familias beneficiadas, de la Pastoral Social de la Diócesis de Montería, del Banco de Alimentos y de todas las personas que recibieron esta ayuda, a través de nuestras parroquias, movimientos, los albergues, en cada familia y hogar, expresamos nuestra gratitud profunda. Que Dios bendiga abundantemente a cada una de las comunidades, líderes, hombres, mujeres, jóvenes y niños que hicieron posible esta iniciativa.
Su solidaridad es una luz que ilumina en medio de la adversidad. Su generosidad nos recuerda que el amor al prójimo sigue siendo la fuerza más poderosa para reconstruir vidas, fortalecer comunidades y sembrar esperanza en nuestro país.
Muchas gracias por enseñarnos que la verdadera caridad no es solamente dar algo de lo que tenemos, sino compartir lo que somos.
Dick Keython Benjumea Bergaño Pbro.
Director — Pastoral Social – Diócesis de Montería















